Al pretender delimitar un concepto se desea que quede claro lo que estamos considerando por tal. Normalmente ello suele estar en razón directa a poder considerar que el contenido explicitado tiene la capacidad o posibilidad de ser identificado por los sentidos en contextos espacio-temporalmente determinados. Es lo que se ha dado en llamar carácter empírico.
El número de respuestas de un test de Historia contestadas por una persona, metros de longitud de una calle, individuos que entran en un cine, y cantidad y graduación del alcohol ingerido en un período de tiempo son algunos ejemplos de conceptos empíricos. También lo son el concepto de reflejo condicionado cuando está planteado a través de la aparición de una respuesta -segregación salival- asociada a un estímulo -por ejemplo, sonido de campana- en principio neutro o incapaz de producir la respuesta señalada y que precedía en sucesivas ocasiones a un estímulo -presentación de comida- que producía incondicionalmente la mencionada respuesta. Son también conceptos empíricos los de inteligencia y pensamiento inteligente que están planteados en términos identificables como conjunto de determinadas actividades y opiniones que son eficaces en una amplia variedad de situaciones. Todas estas nociones son consideradas empíricas en la medida en que se entienda que el concepto que expresan es traducible a situaciones espacio-temporales específicas, aunque éstas no hayan sido explicitadas en las definiciones: lo empírico es entendido pues como una capacidad, una posibilidad. En este sentido, "Ligar conceptos a las observaciones es la forma común y natural de clarificar el significado de un concepto. Decimos que el concepto tiene significado por su conexión con su base en la experiencia compartible" (Roskam, 1989. p. 238).
Ahora bien, las explicitaciones empíricas pueden hacerse a diferentes niveles, al expresar unas delimitaciones más claramente que otras la posibilidad de identificación que caracteriza a lo empírico.
Por ejemplo, en programas de ayuda a personas que cuidaban a familiares enfermos con el mal de Alzheimer, se plantearon (MacCallum y Browne, 1993) conceptos como el deterioro de los enfermos y la intensidad de los cuidados impartidos a éstos por los familiares. Estaban planteados de modo empírico pues sugieren situaciones que pueden ser identificadas. Ello no impide sin embargo que puedan ser explicitadas o detalladas empíricamente a un mayor nivel. Por ejemplo el deterioro de los enfermos puede serlo en términos de determinadas medidas de frecuencia de fallos en la memoria, de problemas de conducta de los pacientes, y de otros deterioros. Por su parte, la intensidad de los cuidados impartidos por los familiares fué explicitado empíricamente a mayor nivel en términos de cantidad y ritmo o programa de cuidados impartidos
Los niveles en que se puede explicitar un contenido empírico son diversos, cabiendo por tanto hacerlo en sucesivos pasos, a cada uno de los cuales puede considerarse indicador del explicitado en menor medida.
En el ejemplo anterior podría seguir aumentándose el nivel de explicitación empírica, cuando se indicara en qué términos más especificos se entiende los tres términos de memoria, conducta y otros deterioros, y qué tipo de medidas se van a tomar de cada una de ellas -es decir si se va a anotar si existen o no, o cuántos, o de qué tipo-. En el otro ejemplo, la cantidad y ritmo de cuidados impartidos podría ser explicitado en un mayor nivel en términos de indicadores como cantidad de meses, así como el número de horas diarias dedicadas al cuidado del enfermo, y el número de días de descanso en el cuidado tenidos en los cinco últimos meses.
En este sentido, el menor nivel de explicitación empírica se da cuando los conceptos son expresados únicamente mediante algún término cuyo contenido se sobrentiende pero no se explicita.
Ocurre así cuando se utilizan términos como inteligencia, memoria, economía, países, deporte, etc. en los que su contenido queda sobreentendido y no explicitado.
Como puede comprobar es éste un nivel de explicitación muy usual en la comunicación humana. De hecho es la situación que ha dado lugar a la construcción de DEFINE. Aunque permite una comunicación rápida y fluida, no es la más adecuada cuando por algún motivo se requiere explicitar o detallar lo que se está queriendo señalar.